El Génesis de las Evas

Fragmento del catálogo escrito por Hiromi Shiba Presidenta, Asociación Internacional de Críticos de Arte Capítulo de Puerto Rico.

 

Wilson Calderón contrasta con su expresionismo moderno y su acercamiento existencialista. En sus obras se observa con agudeza la pasión y la emoción con que vivimos en este mundo violento en todo sentido, tanto interior como exterior. Las Evas de Calderón no sueñan, sino sienten, sufren, lloran y gritan. El cuerpo de Eva se reduce a los extremos de su constitución física: las manos, los pies y los senos. Esto nos recuerda la época del románico medieval del siglo XII, a los artistas anónimos que expresaban los dolores de Jesucristo y la bondad de la Virgen con las manos y los ojos desproporcionadamente grandes para resaltar la pasión y el sentimiento como medio visual efectivo que se conecta directamente con los observadores.

Al observar las obras de Calderón me vienen a la mente las manos de las obras del francés Augusto Rodin (1840-1917), como las de Los ciudadanos de Calais, quienes expresan el dolor del alma cuando entregan las llaves de su ciudad en una batalla a través de la expresividad de sus manos crispadas. El expresionismo de Calderón también me recuerda al escultor existencialista suizo Alberto Giacometti (1901-1966), quien fue enflaqueciendo el cuerpo de sus figuras hasta dejar sólo las manos y pies, para enfatizar a través de ellos la angustia y el sufrimiento existencial.
Para Calderón, las manos, pies y senos sintetizan la escencia de Eva, de transmitir su sentimiento de ser femenino. Es un acercamiento que se ha comparado con el del pintor ecuatoriano Guayasamín. Si bien, Calderón dice: “Si de alguien tengo influencias es de Eduardo Kingman, el precursor de una corriente como la de Guayasamín, quien le diera a las manos y los pies formas de comunicación.”

Los hermosos bodegones que forman parte de esta exhibición se integran al diálogo entre dos visiones del mundo que se complementan en su interpretación artística.