Wilson Calderón. El Placer de olvidar la vanidad humana.

Marien A. Capitán / Revista periódico Hoy / República Domiunicana.

 

Su pintura está alejada de los paisajes y retratos de mujeres hermosas. La vanidad se escapó de sus lienzos. Sólo dejó a un personaje que carece de nariz y cabellera.

Todo está limpio, arreglado. Parecería que, hace algún tiempo, trabajó allí un pintor y dejó en las paredes la mitad de su alma. ¿Qué le habrá pasado? Es la primera pregunta.                        Momentos después, al internarse y apreciar el pequeño estudio, se descubre que no le ha sucedido nada, está ahí aunque no lo parezca porque, simplemente, es un hombre ordenado.

Los pinceles y óleos descansan en una pequeña mesita. La paleta también está ahí. Y es ella precisamente, la que le delata cuando muestra los reflejos de lo que él hizo ayer.

Más que una simple herramienta, ella – la paleta – , es testigo y confidente de sus inquietudes y temores. Porque en sus manos, las de Wilson Calderón, puede sentir su pulso y escuchar su corazón mediante el lienzo.

Antes de entrar a la pequeña guarida ya se conoce su obra. Los cuadros de Wilson están por doquier. Las paredes de la casa son, prácticamente, su galería personal. En la sala, básicamente prima el negro que, imponente y dramático, contrasta a la perfección con el mobiliario de madera. Pero no sólo combinan con la casa, también con quienes la habitan.

¿Por qué? Porque tanto los cuadros como Wilson, su esposa Laura y sus dos hijos carecen de vanidad. Así, “avanidados” son los irreales personajes que, sacados del foso de la imaginación, están en todos los lienzos y reflejan sentimientos, emociones.

“Este personaje no tiene nariz, no tiene cabellera y no tiene esos elementos que pueden generar vanidad, diría que son avanidados. Es que cuando yo pinto esto no estoy pintando realmente una estructura o una fachada, estoy pintando los sentimientos de las personas.”

Aunque “ los avanidados” siempre le acompañan no llegaron de repente. “Todo fue gracias a un proceso y la inspiración está en el mismo hombre”

“Esta inspiración se me acentuó, sobre todo, en Ecuador porque ví mucha pobreza, mucha miseria. Ellos tenián tan poco que mostrar que ahí fue cuando me dije que no debía pintar soles, sino lo que ellos estaban sintiendo”

INSPIRACION: PROBLEMAS

El nombre de uno de sus cuadros “Atados de manos” sirve a la perfección para ilustrar la relación de Wilson, creativo de la publicitaria Leo Burnett, con el arte. Pero, las ataduras, que le amarran desde hace años, son los problemas.

“Tú dirás que estoy loco pero mi mayor inspiración está en los problemas. Cuando me siento anímicamente mal, o depresivo, me siento más cómodo pintado porque dreno”.

“La publicidad es un mundo muy estresante, conlleva mucho trabajo y esfuerzo y me sobrecarga tanto que uso la pintura para drenar esa angustia”.

Cualquiera podría decir que su trabajo, en la publicidad, le aleja de la pintura. Pero no es así. Como trabajo en esta compañía internacional, a la que tengo que dedicar mis horas de trabajo hábiles, me levanto a las seis de la mañana. Y todos los días antes de ir a la oficina, de 6 a 8 am, estoy en mis cuadros. Los fines de semana las cosas son distintas, le dedico muchísimo tiempo”.

La familia, ¿no se queja por esto? “No, siempre ha habido un buen entendimiento, un gran respeto por lo que yo hago. Ellos saben que necesito hacer esto, que tengo una inquietud muy grande”. “Esto no quiere decir tampoco que me claustre. Yo me doy mi tiempo para divertirme, ir al cine, jugar al fútbol…en fin disipar”.

ROMPIENDO CUADROS

Al hablar un rato más con Wilson , un colombiano de buen temperamento y simpatía a flor de piel , se descubre que él es un creador a tiempo completo. “Yo pienso en una obra en cualquier momento. Por ejemplo la mayor parte de mis cuadros han sido inspirados durante los descansos del trabajo”.

Hace muchos años desde que él comenzó a dar trazos sobre los lienzos. Pero es hoy que piensa darse realmente a conocer.

“Quizá no tenga muchas exposiciones ni cuadros por ahí. Pero es que no me interesaba negociar con lo que yo estaba experimentando. Quería tener la suficiente madurez y la obra adecuada para entonces mostrarla y que las personas pudieran tenerla”.

Ahora las cosas son distintas. “Creo que ya llego el momento de que la gente tenga mis cuadros o los disfrute como yo los he disfrutado. He pasado muchos años autocriticándome, rompiendo muchísimos cuadros.

“Pero, hace un tiempo, me dí cuenta que logré consistencia en lo que quería y me siento muy seguro. Me sentiría satisfecho si a la gente le gustara pero, más que eso, que reconociera mi honestidad en la pintura. “.

El humo se evapora, Wilson Calderón apagó su segundo cigarrillo de la tarde. Suena el timbre para anunciar la despedida. Aunque él se queda allí, en su acogedor hogar, no llevamos una buena parte de él, de su vida: el recuerdo y los sentimientos que plasmó en sus cuadros.