La verdad no siempre está a la vista

La verdad no siempre está a la vista

Definitivamente pintar no es la única es la razón de ser de un artista, también se trata de un serio compromiso con una forma de comunicación, donde no son las palabras quienes narran una historia y si lo es el hecho de lograr imágenes que estimulen los sentidos y los sentimientos llevando a una reflexión, a un pensamiento, a un punto de vista, con sentido o no, pero con un trasfondo que no se quede atrapado en la trivialidad de la estética o de la forma. El verdadero valor de una obra está directamente relacionado con el hecho de llegar a alguien, estableciendo una buena conexión entre la obra y la persona que la observa. En otras palabras, no es lo mismo, ver en la misma obra: el rostro lánguido de un hombre o ver a un hombre que manifiesta su tristeza profunda a través de su propia estética corporal y de su propio lenguaje visual. Las dos posturas son lógicas y tienen sentido, pero conceptualmente se presenta una aguda diferencia, cuando el observador puede traspasar la barrera de lo obvio y logra abrirse paso entre los trazos y texturas hasta encontrar la razón da la tristeza del hombre. Por esta razón al comenzar una nueva pintura, hay algunas cosas con las cuales me siento comprometido: Debo hacer que se pongan de acuerdo mis pensamientos con mis pasiones, el cómo y el por qué, la forma con el fondo, para lograr un resultado atractivo con un mensaje correcto y perdurable. También ha sucedido, que en la misma obra, la forma toma ventaja sobre fondo, convirtiéndose en una obra atractiva simplemente por la vistosa utilización del color o la composición. De ninguna manera culparé a la obra si no se llega hasta el fondo de su mensaje, y si culparé a la escueta evaluación de parte de un inocente, superficial o poco curioso observador. A sabiendas de estas verdades, siento que debo dejar evidencias pintadas o esculpidas de la manera más honesta y no pensar que siempre se puede tener un juicio justo. Las verdades no siempre están a la vista. Son muchos los que han escarbado profundamente y han encontrado tesoros escondidos en mi obra y muchos los que se han cansado de escarbar, sin descubrir nada más que el placer de tener una obra de un artista que pinta cosas extrañas, pero interesantes de observar.

La crítica de arte tiene diferentes ángulos

La crítica de arte tiene diferentes ángulos

Hace ya muchos años fui a la escuela donde estudiaba mi hija con la intención de llevar un proyecto que debía ser entregado ese día a su profesora y que con el ajetreo mañanero se le había quedado en la casa. Un poco azorado fui acercándome a su salón de clase. Al recorrer aquellos pasillos, me fueron llegando recuerdos de infancia, cuando yo era el estudiante y era yo quien dejaba en casa las cosas importantes que servían para cumplir con las tareas asignadas por los profesores. El olor a escuela, a libros, a sudor juvenil, a lápices de colores, daban un toque especial y un grato realismo a mis recuerdos. Al llegar al salón donde se encontraba Paola, me sentí nuevamente niño, y por un instante sentí un cosquilleo en el estómago y creí ser un estudiante cuando, me acercaba a mi salón de clases minutos antes de presentar un examen. Mi corazón aceleró su ritmo cuando decidí tocar a la puerta con golpecitos suaves. Casi al instante, como si estuvieran esperándome, se abrió la puerta y descubrí como muchos ojos curiosos me observaban tratando de saber quien era yo. Me sentí juzgado y acusado de extraño. Este sentimiento cambió en el momento que una sonriente maestra se dirigió a mi. -¿En qué le puedo ayudar? A lo que contesté con voz entre cortada. - Estoy aquí para entregar este trabajo a mi hija. A lo lejos sentí el peso de la mirada de Paola, una mirada con un toque de vergüenza frente a sus compañeros y una discreta expresión de alegría al verme. Amablemente la profesora exclamó con alegría, mientras cruzaba una mirada de complicidad con mi hija. - ¿Usted es el papá de Paola, el que pinta feo? - Si, soy yo. Paola apuraba su marcha dirigiéndose a la puerta donde me encontraba para recibir lo que le traía, lo tomó y regresó a su lugar, sin darme tiempo de darle un beso. Atreviéndose sólo a dejarme ver su sonrisa como agradecimiento. El comentario de la profesora, fue lo que en ese momento me ubicó en otra realidad. Me enseño que la crítica viene directamente relacionada con el nivel de entendimiento de la obra y de los gustos, aprendidos o no, de cada crítico. “Feo” fue una feroz crítica de mi arte, aunque para mi consuelo, sólo fue un ángulo el que fue calificado, ya que la maestra me aclaró su comentario, al informarme que su alumna hablaba con ella acerca del mucho tiempo que yo dedicaba a mis trabajos y de la gran cantidad de obras que, año tras año se iban acumulando en las paredes de mi casa. Destacando el hecho que yo sólo pintaba personas feas y muy flacas. La crítica siempre me ha ayudado a ver un poco más allá de mi nariz y de mi ego y a medir el grado de entendimiento y envolvimiento de quienes han observado la obra, al igual que a disfrutar de las expresiones de alegría y sorpresa de quienes han descubierto el fondo y no solo la forma de cada una de mis pinturas.

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